Una de las cosas que agradezco de vivir en el último piso de un edificio es definitvamente esta,
poder deleitarme día a día con atardeceres cambiantes, temperamentales, muy parecidos al comportamiento humano, afortunadamente he aprendido a identificarlos. No todos me atraen.
El edificio justo frente al sol es lo que más me gustó. Esta foto la tomé hace un año y medio.
Atardecer. Coro, Falcón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario